A veces, cuando miramos hacia atrás, nos sentimos frustrados por no tener todas las respuestas o por cometer errores que parecen básicos. La frase de Nicolas Chamfort, que nos dice que el hombre llega como un novato a cada edad de su vida, es como un abrazo cálido en un día de lluvia. Nos recuerda que la sabiduría no es un destino al que se llega y donde uno se queda estancado, sino un proceso de aprendizaje continuo. Cada etapa, desde la infancia hasta la madurez, trae consigo un nuevo lenguaje, nuevos desafíos y una nueva forma de ver el mundo que requiere que aprendamos a caminar de nuevo.
En nuestra vida cotidiana, solemos presionar por la perfección. Sentimos que a los treinta deberíamos ser expertos en nuestra carrera, o que a los cincuenta ya no deberíamos sentirnos confundidos por los cambios tecnológicos o emocionales. Pero la verdad es que la vida nos reinicia constantemente. Cada vez que enfrentamos una pérdida, un cambio de ciudad o incluso una nueva etapa de salud, nos encontramos frente a un lienzo en blanco. No somos los mismos que ayer, y eso está bien. Ser un aprendiz es, en realidad, una de las formas más puras de estar vivos.
Recuerdo una vez que intenté empezar un nuevo pasatiempo, la cerámica, sintiéndome muy avergonzada por no tener destreza. Me sentía fuera de lugar, como si mi edad me obligara a ser experta de inmediato. Pero mientras mis manos se llenaban de barro y mis piezas salían deformes, comprendí que estaba viviendo ese estado de novato. No importaba la edad que tuviera en mi documento de identidad; en ese taller, yo era una principiante descubriendo texturas. Ese pequeño error, esa falta de control, fue lo que me permitió conectar con la alegría de la curiosidad pura, sin el peso de las expectativas.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no tengas miedo de sentirte perdido o de no saber cómo manejar una nueva etapa. No hay nada de malo en ser un principiante, incluso cuando el mundo te dice que ya deberías saberlo todo. La magia ocurre cuando nos permitimos la vulnerabilidad de no saber y la valentía de explorar.
Hoy te invito a que te mires al espejo con mucha ternura. Si te sientes como un aprendiz en algún área de tu vida, respira profundo y sonríe. ¿Qué pequeña cosa podrías empezar a aprender hoy, abrazando la idea de que está bien no tener todas las respuestas?
