A veces, nos refugiamos en lo que conocemos porque nos hace sentir seguros. La frase de Ginni Rometty nos recuerda una verdad que suele ser un poco incómoda pero profundamente transformadora: el crecimiento y la comodidad no pueden vivir en el mismo lugar. Cuando estamos cómodos, es porque ya dominamos nuestro entorno, ya no hay retos que nos obliguen a estirarnos o a aprender algo nuevo. El crecimiento, por el contrario, siempre trae consigo una pizca de incertidumbre, un poco de miedo y, por supuesto, mucha incomodidad.
En nuestra vida diaria, esto se manifiesta en esas pequeñas decisiones que nos dan escalofríos. Puede ser el miedo a hablar en una reunión, el reto de aprender una nueva habilidad o incluso el dolor de dejar ir un hábito que ya no nos sirve. Es muy tentador quedarse en la orilla de la piscina, donde el agua está templada y no hay olas, pero es precisamente en las profundidades donde descubrimos de qué estamos hechos. La comodidad es un refugio dulce, pero es un refugio que no tiene espacio para la expansión de nuestro ser.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy estancada. Estaba haciendo algo que me resultaba tan fácil que casi me aburría, pero me daba pánico intentar algo diferente por miedo a fallar y parecer torpe. Me sentía segura, pero también sentía que mi mundo se estaba haciendo cada vez más pequeño. Un día, decidí aceptar ese nudo en el estómago y probar algo nuevo. Al principio fue caótico y me sentí muy fuera de lugar, pero poco a poco, esa incomodidad se convirtió en la satisfacción de ver cómo mis capacidades se expandían. Fue un proceso difícil, pero fue el único camino hacia mi propia evolución.
No quiero decirte que debas buscar el sufrimiento, pero sí te invito a abrazar la tensión cuando aparezca. Si sientes que algo te desafía y te saca de tu zona de confort, no lo veas como una señal de que algo va mal, sino como una señal de que estás floreciendo. Ese pequeño malestar es la prueba de que estás rompiendo tu cáscara para convertirte en algo más grande.
Hoy te invito a que mires hacia atrás y pienses en un momento de tu vida donde la incomodidad te enseñó algo valioso. ¿Qué pequeño paso podrías dar hoy hacia ese lugar que te asusta un poquito, pero que sabes que te hará crecer? Recuerda que aquí estoy yo, animándote en cada paso de tu transformación.
