“El corazón es como un jardín: puede cultivar compasión o miedo, resentimiento o amor. ¿Qué semillas plantarás?”
Nuestro corazón cultiva lo que elegimos plantar en él.
A veces me detengo a pensar en lo que sucede dentro de nosotros cuando el mundo se vuelve un poco ruidoso o difícil. La hermosa frase de Jack Kornfield nos invita a ver nuestro corazón no como una roca inamovible, sino como un jardín vivo y delicado. Un jardín no es algo que simplemente existe; es algo que requiere atención, cuidado y, sobre todo, una elección consciente sobre qué permitimos que eche raíces. Si dejamos que las malas hierbas del miedo o el rencor crezcan sin control, terminan por asfixiar la belleza de nuestra propia esencia.
En el día a día, esto se traduce en los pequeños pensamientos que decidimos alimentar. Todos hemos tenido esos días en los que un comentario mordaz de un extraño o un error en el trabajo nos hace sentir una punzada de resentimiento. Es tan fácil dejar que esa semilla de amargura se instale y empiece a expandirse. Sin embargo, la magia ocurre cuando nos damos cuenta de que tenemos el poder de regar algo distinto. Podemos elegir la semilla de la compasión, permitiéndonos entender que esa persona quizás también está pasando por un momento difícil.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy abrumada por una pequeña decepción. Estaba tan concentrada en mi propio enojo que no podía ver nada más. Me sentía como un jardín descuidado, lleno de espinas. Pero un día, decidí hacer una pausa y, en lugar de seguir alimentando mi frustración, decidí escribir algo amable para un amigo. Ese pequeño acto de amor hacia otro fue como plantar una semilla de luz en mi propio terreno. De repente, el jardín empezó a sentirse más ligero y menos hostil.
No se trata de ser perfectos o de pretender que el miedo no existe, porque las malas hierbas siempre intentarán aparecer. Se trata de la intención con la que cuidamos nuestro interior. Cada vez que eliges la paciencia sobre la irritación, o el perdón sobre el reproche, estás cultivando un paisaje interior mucho más hermoso y habitable.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y observes tu propio jardín interior. Pregúntate con mucha ternura: ¿qué semillas estoy regando hoy? Si notas que hay algo de amargura creciendo, no te juzgues, solo intenta plantar una semilla nueva de amor y ver qué sucede.
