A veces pensamos que ser valientes significa ser invulnerables, como si el miedo fuera un extraño que simplemente no tiene permiso para entrar en nuestra vida. Pero la verdad es mucho más humana y reconfortante que eso. Esta frase de Franklin D. Roosevelt nos recuerda que el miedo es una parte natural de nuestra existencia, una señal de que estamos ante algo que nos importa. La verdadera valentía no nace de la falta de temblores en las manos, sino de esa pequeña voz interna que decide que hay algo mucho más valiente, más hermoso o más necesario que el miedo mismo.
En el día a día, esto se traduce en esos momentos pequeños pero significativos donde el corazón nos late con fuerza. Es ese nudo en el estómago antes de decir una verdad necesaria, o la duda que nos asalta al intentar un nuevo pasatiempo que nos hace sentir vulnerables. No se trata de ignorar ese nudo, sino de mirar más allá de él. Se trata de reconocer que nuestra pasión, nuestro crecimiento o nuestro amor por alguien es una brújula mucho más potente que nuestra propia inseguridad.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña frente a un gran cambio en mi vida. Tenía un miedo enorme a no ser capaz de manejar las nuevas responsabilidades y sentía que el pánico me paralizaba. Estaba sentada en un rincón, sintiéndome muy frustrada conmigo misma por tener miedo. Pero entonces, empecé a pensar en por qué estaba haciendo ese cambio. Me di cuenta de que el deseo de aprender y la alegría de la nueva etapa eran mucho más grandes que el miedo al error. Al enfocarme en lo que amaba, el miedo no desapareció, pero dejó de ser el protagonista de mi historia.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no te sientas mal si sientes miedo hoy. No intentes luchar contra él como si fuera un enemigo, simplemente pregúntate qué es lo que estás protegiendo o qué es lo que deseas alcanzar. Si ese sueño o esa persona valen la pena, entonces tienes todo lo necesario para seguir adelante. La valentía es simplemente elegir tu propósito por encima de tu temor.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y pienses en algo que te asusta. Ahora, trata de encontrar qué es lo que es más importante que ese miedo. ¿Es tu paz? ¿Es tu crecimiento? ¿Es tu familia? Mantén esa importancia en tu mente y deja que sea la luz que guíe tus pasos.
