A veces, la vida se siente como una rutina de pasos repetitivos, donde el cielo siempre es del mismo azul y los días parecen seguir un guion predecible. Pero cuando Thomas Aquinas nos dice que el asombro es el deseo de conocimiento y el inicio de todo entendimiento, nos invita a detenernos. El asombro no es solo una emoción pasajera, es esa chispa de curiosidad que nos hace levantar la vista de la pantalla del móvil para observar cómo la luz del sol atraviesa las hojas de un árbol. Es ese pequeño suspiro de sorpresa que nos recuerda que el mundo es mucho más grande y complejo de lo que nuestra mente cansada suele creer.
En nuestro día a diario, es muy fácil perder esa capacidad de maravillarnos. Nos enfocamos tanto en cumplir con la lista de tareas pendientes o en resolver los problemas del trabajo que dejamos de notar la magia de lo cotidiano. El asombro es la llave que abre las puertas de la sabiduría. Sin esa capacidad de decir '¿cómo funciona esto?' o '¿por qué me siento así?', nos quedamos estancados en la superficie de las cosas, sin profundizar en la verdadera esencia de nuestra propia existencia y de quienes nos rodean.
Recuerdo una tarde en la que yo, tu amiga BibiDuck, me sentía un poco abrumada por la monotonía. Estaba sentada en el jardín, mirando simplemente cómo una pequeña hilera de hormigas transportaba trozos de hojas con una determinación asombrosa. En lugar de ignorarlo como algo insignificante, decidí observar. Me pregunté cómo se comunicaban, cómo sabían hacia dónde ir, y de repente, esa pequeña escena transformó mi tarde gris en un momento de profunda conexión con la naturaleza. Ese pequeño destello de curiosidad me enseñó más sobre la perseverancia que cualquier libro de autoayuda que hubiera leído ese mes.
Cultivar el asombro es, en última instancia, un acto de amor propio y de apertura hacia la vida. Cuando permitimos que la curiosidad guíe nuestros pasos, cada encuentro y cada descubrimiento se convierten en lecciones valiosas. No necesitamos viajes exóticos para encontrar motivos para asombrarnos; solo necesitamos ojos dispuestos a mirar con ternura y un corazón dispuesto a aprender.
Hoy te invito a que busques un pequeño momento de asombro. Puede ser observar el patrón de las nubes, saborear lentamente tu café o simplemente preguntarte algo nuevo sobre alguien a quien quieres. No dejes que la curiosidad se apague, porque en ese deseo de saber es donde realmente empezamos a comprender la belleza de estar vivos.
