“El arte tiene que conmoverte; el diseño no, a menos que sea un buen diseño para un autobús.”
Hockney traza la línea entre el arte que conmueve y el diseño funcional.
A veces nos perdemos en la perfección de lo que hacemos, tratando de que todo sea simétrico, funcional y correcto, pero nos olvidamos de lo más importante: el alma. Esta frase de David Hockney nos recuerda que mientras que el diseño busca la utilidad y el orden, el arte tiene una misión mucho más profunda y rebelde. El arte no está aquí para ser simplemente útil o práctico como el cartel de un autobús; su verdadera función es sacudirte, conmoverte y, si tienes suerte, cambiar la forma en que ves el mundo por un instante.
En nuestro día a día, solemos aplicar la lógica del diseño a todo lo que tocamos. Planificamos nuestras agendas para que sean eficientes, organizamos nuestras casas para que sean prácticas y buscamos que nuestras relaciones sean estables. No hay nada malo en ello, la estructura nos da seguridad. Sin embargo, si nuestra vida se convierte solo en un conjunto de procesos eficientes y útiles, corremos el riesgo de convertirnos en máquinas. Nos falta ese toque de caos creativo que nos hace sentir vivos, ese elemento que no sirve para nada práctico pero que nos llena el pecho de emoción.
Recuerdo una tarde en la que estaba intentando organizar mi pequeño estudio, obsesionada con que cada pincel y cada cuaderno estuvieran en su lugar exacto, como si estuviera diseñando un manual de instrucciones. Me sentía productiva, pero extrañamente vacía. De repente, vi una mancha de acuarela que se había derramado sobre un papel viejo, creando una forma abstracta y vibrante que no tenía ninguna utilidad lógica. Me quedé mirándola durante mucho tiempo. No era útil, no ayudaba a limpiar mi escritorio, pero me hizo sentir una chispa de alegría y asombro que la organización perfecta no podía darme.
Como siempre digo aquí en DuckyHeals, a veces necesitamos dejar de ser arquitectos de nuestra propia perfección para permitirnos ser poetas de nuestro propio caos. No busques que cada momento de tu día tenga un propósito práctico o una función clara. Permítete encontrar belleza en lo que es puramente emocional, en esa canción que te hace llorar sin razón o en ese atardecer que no puedes explicar con palabras.
Hoy te invito a que busques algo en tu vida que no sea 'útil', pero que te mueva profundamente. Puede ser un poema, una melodía o simplemente un momento de silencio contemplativo. No busques la eficiencia, busca la conexión.
