Le Guin nos recuerda que la creatividad adulta es la supervivencia del niño interior.
A veces, cuando escucho esta frase de Ursula K. Le Guin, siento un pequeño cosquilleo en el corazón, como si me recordara un secreto que ya conocía pero había olvidado. Decir que el adulto creativo es el niño que sobrevivió significa que la creatividad no es una habilidad que aprendemos en la escuela, sino una chispa de asombro que protegemos con tanto esfuerzo mientras crecemos. Ser creativo es, en esencia, mantener viva esa capacidad de jugar, de imaginar mundos sin reglas y de ver magia donde otros solo ven rutina, a pesar de todas las cicatrices que la vida nos ha dejado.
En nuestra vida diaria, es muy fácil permitir que el peso de las responsabilidades, las facturas y las expectativas sociales apaguen esa luz. Nos volvemos expertos en ser serios, en ser eficientes y en seguir procesos lógicos, olvidando que la verdadera innovación nace de la curiosidad desinhibida. Crecer suele implicar aprender a decir no a lo que nos asusta, pero el reto está en no decirnos no a nosotros mismos cuando surge un impulso de pintar, de escribir o simplemente de mirar las nubes con fascinación.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por las tareas pendientes. Todo parecía gris y mecánico. De pronto, vi un pequeño charco de agua en el suelo que reflejaba los colores del atardecer y, por un segundo, sentí la urgencia de saltar en él, tal como lo haría un pequeño patito. En ese instante, comprendí que mi lado creativo estaba tratando de decirme que necesitaba volver a jugar. Al permitirme ese momento de asombro, la pesadez de mis responsabilidades no desapareció, pero sí cambió su peso, volviéndose más ligera y manejable.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no tengas miedo de abrazar a ese niño o niña que vive dentro de ti. No importa cuántas veces el mundo haya intentado convencerte de que la seriedad es la única forma de madurar. La verdadera madurez reside en la valentía de seguir siendo curioso, de seguir experimentando y de permitir que tu imaginación sea el refugio donde tu alma se siente segura. La creatividad es tu resistencia más hermosa.
Hoy te invito a buscar una pequeña actividad que no tenga ningún propósito productivo, algo que hagas solo por el puro placer de hacerlo. Puede ser dibujar garabatos en un cuaderno, armar un rompecabezas o cantar una canción que te haga sonreír. Permítete ese pequeño espacio de juego y observa cómo tu mundo empieza a recuperar sus colores.
