A veces pensamos que el amor es algo que solo sucede en grandes gestos, en declaraciones dramáticas bajo la lluvia o en momentos de película. Pero cuando Rumi nos dice que estemos enamorados dondequiera que estemos y haga lo que haga, nos invita a mirar hacia otro lado. Nos sugiere que el amor no es un destino al que llegamos, sino la lente a través de la cual decidimos observar el mundo. Estar enamorado, en este sentido, significa habitar cada segundo con una presencia plena, con una ternura que transforma lo ordinario en algo sagrado.
En el ajetreo de nuestra vida diaria, es muy fácil perdernos en la lista de tareas pendientes o en la preocupación por el futuro. Podemos estar físicamente presentes en una cena con amigos, pero con la mente perdida en un correo electrónico pendiente. Cuando dejamos de estar presentes, dejamos de amar lo que nos rodea. La verdadera magia ocurre cuando decidimos poner nuestra atención completa en lo que estamos haciendo, ya sea lavar los platos, caminar hacia el trabajo o simplemente escuchar a un ser querido sin interrupciones.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi pequeño corazón de patito, me sentía abrumada por el desorden de mi casita. Estaba irritable y solo veía caos. De pronto, me detuve a observar cómo la luz del atardecer entraba por la ventana y bañaba mis cosas con un tono dorado. Decidí, por un momento, dejar de limpiar y simplemente disfrutar de ese brillo. En ese instante, empecé a amar mi pequeño espacio de nuevo. No cambió el desorden, pero cambió mi corazón hacia él. Ese es el poder de aplicar las palabras de Rumi.
Te invito a que hoy, en tu próxima pequeña tarea, intentes este experimento. Si estás tomando un café, siente su calor y su aroma como si fuera el primer regalo del día. Si estás conversando con alguien, regálale toda tu atención. No necesitas grandes cambios en tu vida para empezar a vivir con amor; solo necesitas cambiar la forma en que te entregas a lo que ya tienes frente a ti. ¿Qué pequeña cosa podrías empezar a amar hoy mismo?
