A veces, el ruido del mundo es tan fuerte que nos olvidamos de escuchar nuestra propia voz. Esta hermosa frase de Gunilla Norris nos recuerda que dentro de cada uno de nosotros existe un espacio de quietud, un silencio tan profundo y vasto como el cosmos mismo. Es un lugar donde no hay expectativas, ni listas de tareas, ni juicios externos. Sin embargo, ese silencio suele ser intimidante porque, cuando el ruido se apaga, nos vemos obligados a encontrarnos con nosotros mismos, con nuestras sombras y con todo aquello que hemos estado intentando ignorar con distracciones constantes.
En nuestra vida cotidiana, solemos llenar cada segundo con sonido. Encendemos la radio apenas nos despertamos, escuchamos podcasts mientras cocinamos o revisamos las redes sociales en cada pequeño momento de espera. Usamos el ruido como un escudo para no sentir la inmensidad de nuestra propia soledad. Nos da miedo ese vacío porque nos hace sentir vulnerables, pero al mismo tiempo, es precisamente ese silencio el que tanto anhelamos. Es ese refugio de paz donde podemos recuperar nuestra esencia y sentirnos conectados con algo mucho más grande que nuestros problemas diarios.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi corazón de patito un poco abrumado, intentaba escapar de mis propios pensamientos llenando mi casa de música y televisión. Me sentía agotada pero no podía descansar. Decidí, por un momento, apagarlo todo. Al principio, el silencio me resultó ensordecedor y casi salí corriendo a buscar el teléfono. Pero después de unos minutos, empecé a notar mi respiración y la calma empezó a filtrarse en mi pecho. En ese silencio, no encontré vacío, sino una presencia reconfortante que me decía que todo estaba bien.
No necesitas hacer grandes cambios para empezar a explorar ese universo interno. Te invito a que hoy, aunque sea por solo cinco minutos, busques un rincón tranquilo y permitas que el silencio te envuelva. No intentes luchar contra él ni llenarlo de pensamientos. Simplemente quédate ahí, habitando ese espacio sagrado que ya vive en ti. Verás que, poco a poco, ese silencio dejará de dar miedo para convertirse en tu hogar más cálido.
