A veces, la vida nos presenta momentos de una desnudez emocional que asusta. La frase de Henri Nouwen nos invita a mirar ese vacío no como una tragedia, sino como una oportunidad de libertad. Cuando sentimos que ya no tenemos nada a qué aferrarnos, que nuestros planes se han desmoronado o que nuestras certezas se han esfumado, nos quedamos sin ese escudo que solemos usar para protegernos del mundo. Pero es precisamente en esa falta de posesiones emocionales donde el miedo al cambio puede transformarse en una apertura hacia lo nuevo.
En nuestro día a día, solemos construir muros de seguridad. Nos aferramos a rutinas, a trabajos, a relaciones o incluso a una imagen específica de nosotros mismos para sentir que tenemos el control. Pero, ¿qué pasa cuando esa estructura falla? La sensación de pérdida puede ser abrumadora, como si estuviéramos flotando en medio de un océano sin brújula. Sin embargo, cuando dejamos de luchar por retener lo que ya no está, nuestras manos quedan libres para recibir lo que el destino tiene preparado para nosotros.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía perdida, como si todas las piezas de mi rompecabezas personal se hubieran mezclado. Pasé días intentando reconstruir lo que conocía, forzando situaciones para que volvierían a ser como antes. Fue solo cuando acepté que no tenía el control y que mi vieja identidad se estaba desvaneciendo, que empecé a notar la belleza de lo inesperado. Al soltar la necesidad de entenderlo todo, pude ver nuevas oportunidades que antes me eran invisibles porque estaba demasiado ocupada mirando hacia atrás.
Esa vulnerabilidad de no tener nada a qué aferrarse es, en realidad, un estado de pura receptividad. Es como cuando un jardín se limpia de sus flores marchitas para permitir que broten semillas que ni siquiera sabíamos que estaban allí. No se trata de buscar el caos, sino de aprender a confiar en que la incertidumbre es el suelo fértil donde crece la magia.
Hoy te invito a que te preguntes con mucha ternura: ¿A qué te estás aferrando con demasiada fuerza? Quizás hoy sea un buen día para soltar un poco el control y permitirte, con mucha calma, saludar a lo desconocido con una sonrisa curiosa.
