“Cuando llegas al borde de toda la luz que conoces y estás a punto de dar un paso hacia la oscuridad de lo desconocido, la fe es saber que una de dos cosas ocurrirá: habrá algo sólido donde pisar, o te enseñarán a volar.”
Overton describe la fe como confianza ante el abismo.
A veces, la vida nos lleva a un lugar que se siente como el final de un camino iluminado. Miramos hacia adelante y solo vemos una neblina espesa, una oscuridad que nos intimida porque no podemos ver dónde pisaremos. Esa sensación de estar al borde de un precipado, donde lo conocido se termina y lo desconocido comienza, es una de las experiencias más humanas y, a la vez, más aterradoras que podemos atravesar. La cita de Patrick Overton nos recuerda que esa oscuridad no es necesariamente un abismo de caída, sino un espacio de transformación donde la fe juega el papel principal.
En nuestro día a día, este salto al vacío suele manifestarse en decisiones que nos quitan el sueño. Puede ser el momento en que decides dejar un trabajo estable para seguir una pasión, o cuando una relación cambia para siempre y te obliga a redescubrir quién eres sin esa persona. Es ese nudo en el estómago que aparece cuando el mapa que siempre hemos seguido ya no sirve para la nueva ruta que nos toca recorrer. Lo que la frase nos enseña es que la incertidumbre tiene dos salidas hermosas: o descubrimos una nueva base sólida que no sabíamos que existía, o desarrollamos la fuerza necesaria para desplegar nuestras propias alas.
Recuerdo una vez que me sentí muy perdida, como si estuviera flotando en medio de la nada sin un suelo firme bajo mis patas. Estaba intentando emprender un proyecto que me llenaba de miedo y sentía que el vacío me iba a tragar. En esos momentos de duda, me repetía que si no encontraba suelo, entonces aprendería a volar. Al final, no encontré una red de seguridad inmediata, pero descubrí una capacidad de resiliencia y una creatividad que nunca supe que habitaban en mí. Fue como si la oscuridad me hubiera obligado a entender que mi propio vuelo era posible.
No tengas miedo de ese borde, de ese límite donde la luz se desvanece. Aunque el corazón lata con fuerza por el temor a lo desconocido, confía en que el universo tiene un plan para sostenerte o para enseñarte a elevarte. Si hoy te sientes frente a lo incierto, respira profundo y recuerda que no estás cayendo, simplemente estás en proceso de aprendizaje. Te invito a que hoy, en lugar de mirar hacia abajo con miedo, mires hacia el horizonte con la curiosidad de quien sabe que lo mejor está por descubrirse.
