A veces, cuando miro el cielo estrellado o veo el movimiento de las hojas, me quedo pensando en lo profunda que es esta frase de Shankara. Decir que Brahman es la única verdad y que el mundo es una ilusión puede sonar un poco abrumador al principio, como si nada de lo que tocamos fuera real. Pero si lo miramos con un corazón tranquilo, lo que nos está diciendo es que existe una esencia, una chispa divina y eterna, que permanece intacta sin importar cuántos cambios experimente nuestra vida cotidiana. Es una invitación a buscar lo que no se marchita.
En nuestro día a día, solemos perdernos en la ilusión de las preocupaciones. Nos angustiamos por un comentario de un extraño, nos deprimimos por un error en el trabajo o nos aferramos con desesperación a cosas materiales que sabemos que algún día no estarán. Esa es la ilusión de la que habla la cita: esa capa de drama y caos que nos hace olvidar quiénes somos realmente. Vivimos atrapados en el ruido de las circunstancias, creyendo que nuestra identidad es solo este conjunto de problemas y éxitos temporales.
Recuerdo una vez que yo, con mi pequeño corazón de pato, me sentía muy triste porque un plan que había organizado con mucha ilusión salió mal. Sentía que mi mundo se desmoronaba y que yo era esa tristeza. Pero mientras respiraba profundo y observaba el lago en calma, me di cuenta de que mi tristeza era solo una nube pasando, pero el lago, mi esencia profunda, seguía siendo el mismo, sereno y vasto. En ese momento comprendí que no soy mis problemas; soy la conciencia que los observa, esa parte de mí que es parte de algo mucho más grande.
Cuando logramos entender que nuestra verdadera identidad es esa unidad con lo divino, el miedo empieza a disolverse. Ya no somos seres aislados luchando contra el mundo, sino parte del mismo tejido que sostiene el universo. La ilusión del ego se desvanece para dejar paso a una paz que no depende de que todo sea perfecto afuera, sino de que reconozcamos la verdad que ya habita dentro de nosotros.
Hoy te invito a que, cuando sientas que el caos te rodea, cierres los ojos un momento. Intenta buscar ese espacio de silencio dentro de ti, ese lugar que no cambia a pesar de las tormentas. Pregúntate: ¿qué parte de mí permanece inalterable cuando todo lo demás se mueve? Ahí, en ese silencio, es donde encontrarás la verdad.
