Siempre hay un sándwich que no encaja bien.
A veces me detengo a pensar en las palabras que comparto con ustedes, y esta frase sobre los autobuses urbanos me toca una fibra muy especial. Cuando decimos que los autobuses son como máquinas del tiempo, no hablamos de ciencia ficción, sino de esa sensación extraña de estar suspendido entre lo que ya fue y lo que está por venir. Es esa pausa involuntaria donde el presente parece desaparecer mientras miramos por la ventana empañada, dejando que nuestros pensamientos viajen más rápido que el motor del vehículo.
En la vida cotidiana, todos experimentamos esos viajes mentales. Un autobús puede dejarnos atrapados en el pasado, recordándonos con una canción o un paisaje un momento que ya no volverá, llenándonos de una nostalgia dulce pero pesada. O, por el contrario, puede lanzarnos hacia el futuro, con la ansiedad de lo que nos espera en la próxima parada o la ilusión de un nuevo comienzo. Es un espacio liminal, un lugar donde no pertenecemos a ninguna parte, y es precisamente ahí donde nuestra mente busca respuestas.
Recuerdo una tarde lluviosa en la que yo misma me sentía perdida. Estaba sentada en un asiento de plástico frío, mirando las luces de la ciudad pasar como destellos borrosos. De repente, me di cuenta de que mi mente estaba intentando resolver problemas que aún no habían ocurrido, proyectándome en un futuro lleno de dudas. Me sentí desconectada de mi propio cuerpo, como si el autobús me estuviera arrastrando lejos de mi presente. Fue un momento de mucha soledad, pero también de una claridad inesperada sobre la importancia de estar presente.
Esa sensación de estar en el pasado o en el futuro es agotadora si no aprendemos a anclar nuestra atención. El autobús seguirá su ruta, las paradas seguirán pasando, pero nosotros somos quienes decidimos si queremos ser pasajeros pasivos de nuestros recuerdos o arquitectos de nuestros sueños. No podemos controlar el trayecto del transporte, pero sí podemos decidir qué equipaje llevamos con nosotros en cada viaje.
Hoy te invito a que, la próxima vez que te encuentres en un viaje, ya sea en un autobús o simplemente en un momento de transición, intentes respirar profundo. Observa dónde está tu mente. Si está demasiado lejos en el ayer o demasiado ansiosa por el mañana, intenta regresar suavemente al asiento donde te encuentras ahora. El presente es el único lugar donde realmente podemos vivir.
