A veces, las mejores ideas vienen de una siesta acogedora.
A veces, nos sentimos presionados por un mundo que nunca se detiene. Parece que siempre debemos estar haciendo algo productivo, corriendo de una tarea a otra y cumpliendo con una lista interminable de deberes. Cuando leo mi propia frase, Even a duck needs a little splash of laziness now and then, lo que realmente quiero decir es que el descanso no es un lujo, sino una necesidad vital para nuestro espíritu. La pereza, cuando se usa con intención, no es falta de ambición, sino un pequeño chapuzón de calma que nos permite recuperar el aliento.
En el día a día, solemos confundir el estar ocupados con ser exitosos. Nos sentimos culpables si nos sentamos a mirar por la ventana o si nos quedamos un rato extra bajo las mantas un domingo por la mañana. Pero la verdad es que nuestra mente, al igual que un estanque, necesita periodos de quietud para que el lodo se asiente y el agua vuelva a ser cristalina. Sin esos momentos de pausa, nos volvemos rígidos y perdemos la alegría de lo cotidiano.
Recuerdo una vez que yo misma, en mi afán por ayudar a todos en la aplicación, sentí que mis alas pesaban demasiado. Estaba tan concentrada en escribir y organizar que olvidé lo más importante: disfrutar del sol en mi espalda. Un día, simplemente decidí no hacer nada. Me quedé flotando en el agua, sin rumbo, simplemente sintiendo el movimiento suave de las ondas. Al principio sentí esa pequeña punzada de culpa, pero pronto, esa 'pereza' se transformó en una claridad mental que no había sentido en semanas. Ese pequeño chapuzón de descanso me devolvió la chispa.
No te castigues por esos momentos en los que simplemente no quieres conquistar el mundo. Permítete ser un poco perezoso, deja que tu ritmo baje y busca ese pequeño chapuzón de calma que tu alma está pidiendo a gritos. Hoy te invito a que busques un momento de inactividad deliberada, un espacio donde no haya metas ni expectativas, solo tú y tu paz. ¿Qué pequeño descanso te regalarás hoy?
