A veces, las palabras más profundas nos llegan en momentos de absoluta calma, como un susurro en medio de la noche. Esta frase de Sor Juana Inés de la Cruz me invita a pensar en la belleza que reside en lo que no podemos ver, pero que podemos sentir. Habla de un consuelo silencioso, una especie de refugio donde la falta de visión se convierte en una libertad única: la libertad de no tener que juzgar el mundo por su apariencia, sino por su esencia. Es la idea de que, en la oscuridad, todos somos iguales y nadie puede etiquetar la profundidad de nuestra sombra.
En nuestro día a día, solemos estar tan obsesionados con la luz, con lo que es visible, con las apariencias y con cómo nos ven los demás, que olvidamos el valor de lo invisible. Vivimos bajo la presión de mostrar colores brillantes y formas perfectas, temiendo que la oscuridad revele algo que no nos gusta. Sin embargo, hay una paz inmensa en esos momentos donde el mundo exterior se apaga, donde no hay ojos que nos observen y donde solo queda nuestra propia percepción interna, libre de juicios estéticos o sociales.
Recuerdo una noche en la que me sentía muy abrumada por las expectativas de todo el mundo. Estaba rodeada de luces, de pantallas y de voces que me pedían ser de un color específico. Me refugié en la oscuridad de mi habitación, apagando todo, y de repente, sentí ese consuelo del que habla la poeta. En esa penumbra, nadie sabía si mi tristeza era gris o negra, nadie veía mis miedos. Solo existía mi respiración y la sensación de que, en la oscuridad, mis problemas no tenían una forma definida que pudiera asustarme tanto. Era un espacio seguro donde la oscuridad era simplemente un manto protector.
Esa pequeña reflexión nos enseña que no siempre necesitamos claridad total para encontrar paz. A veces, permitirnos habitar nuestros momentos de introspección, donde no todo es evidente ni comprensible, es necesario para sanar. No tengas miedo de los momentos de sombra o de los misterios de tu propio corazón. Hay una dignidad hermosa en lo que guardamos para nosotros mismos, en aquello que nadie más puede ver ni definir.
Hoy te invito a que, si te sientes abrumado por el brillo del mundo, busques un momento de quietud. Cierra los ojos, respira profundo y permite que la oscuridad sea tu aliada, un lugar donde solo tú y tu esencia existan, sin necesidad de ser observados.
